
LA MAGIA DE CONTADORES
Desde Luca Pacioli y el primer
tratado de contabilidad en la Edad Media
Por Gabriel Torres Salazar
Se dice de los contadores que son hombre y mujeres serios, concentrados, dedicados al trabajo, útiles a la sociedad, a las empresas y que son el segundo más numeroso de los gremios del país y universalmente —el primero lugar lo ocupan los profesores—. Y que en ningún caso son seres graves como a veces suele oírse. Se les reconoce también su polifuncionalidad laboral, sentido de humor y, en este último caso, se les atribuye “hacer magia” o “ser magos” para cuadrar las cuentas de empresas y clientes.
Con esta descripción siempre me he preguntado de donde les viene a los contadores su carácter lúdico —no siempre exhibido—, sus entretenciones y pasatiempos. Porque, de verdad, no solo están dedicados al trabajo, lo están de la familia, de su felicidad y de sus cercanos.
Y, bueno, gracias al ocio (acción de descanso y reflexión, opuesta al neg-ocio) y lecturas veraniegas de hace algún tiempo, creo haber descubierto el GEN lúdico de los contadores: viene de Luca Pacioli, un monje franciscano, contemporáneo de Colón, amigo de Leonado Da Vinci, autor del primer tratado de contabilidad por Partida Doble —principio vigente, aun en tiempos de IA—, publicado allá por el año 1494 en la Italia renacentista: Summa de arithmetica, geometria, proportioni et proportionalitá
Mis amigos y colegas contadores —soy de la familia contable también— me dirán que esa no es noticia, que eso ya lo sabían, que efectivamente Luca Pacioli es considerado el Padre de la Contabilidad. También, de los autores de esta disciplina y de profesionales ejerciendo este oficio. Aunque, la contabilidad es una disciplina mucho más antigua, data de tiempos remotos, creada como recurso efectivo para medir y registrar el comercio mesopotámico y vestigios escritos en la biblioteca de Alejandría, desde los albores de la civilización.
Pues bien, la novedad está en que Luca Pacioli, además de lo dicho, habría entretenido a las cortes y mecenas de su época (la familia de los Medicis) con juegos de números, puzzles y trucos de diversa índole, cuya evidencia es el descubrimiento del primer libro de magia, escrito entre 1496 y 1508 bajo el titulo de De viribus quantitatis, algo así como “Sobre el poder de los números» y cuyo autor, ni más menos, es Luca Pacioli.
Crónicas de ayer y de hoy indican que tal hallazgo lo hizo el matemático estadounidense David Singmaster, el mismo que resolvió el cubo de Rubik, cuando consultaba un manuscrito del siglo XIX donde había referencias a un antiguo compendio de prestidigitación del renacimiento. La pista, lo llevó a los archivos de la Universidad de Bolonia donde se guardaba el libro de magia más antiguo del mundo, escrito por Pacioli.
El texto contiene referencias escritas a los juegos de naipes e instrucciones para efectuar malabares, tragar fuego, introducir las manos en plomo fundido y hacer que unas monedas bailen. Y, como curiosidad, anota la primera mención de que Leonardo Da Vince era zurdo. Pero, además, es el primer gran manual que se ocupa de enseñar cómo ejecutar la magia, práctica más antigua que el libro.
Para mayor veracidad de esta obra de Pacioli, se le atribuye al historiador del arte Carlo Pedretti comentarios en el sentido de que «es un texto muy importante, ya que menciona ‘la última cena’ y muestra cuánto le gustaban a Da Vinci los juegos y los trucos, pero sólo si tenían una base científica».
Queda claro entonces que los contadores han heredado el GEN de Luca Pacioli en una doble dimensión: la contable y la mágica, las que han sabido unir a la perfección. De ahí la “magia de sus cuadres”, particularmente al recordar la ausencia de medios tecnológicos modernos en su trabajo, o el “milagro para encontrar diferencias” cuando nada cuadra, o los “malabares que hacen con los números”.
No queda duda. Luego de la lectura de estas crónicas e información medieval sobre Luca Pacioli, que los contadores le ponen “magia” a su trabajo porque son herederos del primer tratadista de magia y contabilidad a la vez. ¡Vaya que sí!
Ahí está, muy probablemente, el GEN lúdico de contadores y auditores: en la magia que heredan de su padre Pacioli.