La apertura de centros de educación superior privados a comienzos de los años 80 expandió la oferta para estudios superiores de manera inimaginada lo que hizo pasar de menos de 100 mil estudiantes en aulas en esos años a más del millón en la actualidad, pero con dudosa calidad formadora como se ha comprobado con el tiempo y sin el ordenamiento estructural que técnicos y profesionales debieron tener, pues se carece de directrices nacionales de Estado u orientaciones empresariales sobre qué disciplinas promover. El “libre mercado” de la educación superior  simplemente no funcionó, como igual sucedió en áreas de salud, vivienda o escolaridad básica y media.

Diario la tribuna

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