La ficción del dinero
El novelista Oscar Wilde escribió “cuando joven pensaba que el dinero era lo más importan en la vida, ahora de viejo estoy seguro”.
Esta frase, venida de la literatura, trasciende el campo del lenguaje de operaciones financieras. Contiene una profunda realidad social y de vida. No podemos vivir sin el dinero. Es uno de los inventos más notables de la humanidad y de uso universal en todo el Globo. Es como la invención de la palabra y la cuchara; una vez creados ya no es posible vivir sin ellas. Y, como muchas creaciones, junto al bien de su invención, carga los males de la usura y codicia, inherentes al comportamiento humano.
¿Qué ha debido suceder para que este “intangible”, se materialice y gobierne el comportamiento humano? Las respuestas breves, aunque imprecisas, dan una idea. Las extensas, se confunden en los siglos y milenios pasados, pues el consenso de su origen lo sitúa en épocas mesopotámicas del mercantilismo primitivo. Era más fácil transportar una moneda de piedra o metal en el morral que llevar un buey a cuestas para realizar un pago. La cuestión siguiente fue la del valor de esas monedas y más tarde la del dinero impreso en pieles, vegetales, posteriormente en papel y ahora virtuales.
Aquí las respuestas dejan de ser utilitarias, ni siquiera están en la economía, sino en la evolución del hombre y su psicología. El dinero y su valor existen porque creemos, necesitamos creer. Sin ese relato compartido de confianza, la cooperación y aceptación masiva sería imposible. El dinero funciona mientras creemos en él. Es un intangible, una ficción, cierto. Pero sirve para comprar el pan, pagar una deuda, educar a los hijos.
Las teorías sobre el valor del dinero, son variadas. Van desde considerarlo un producto, una mercancía, hasta que su valor corresponde al desgaste de naturaleza humana por el trabajo; pasando por escuelas marxistas, liberales, conservadoras y neoliberales e interpretaciones religiosas. Pero, no estamos para esos análisis este mes. Estamos de vacaciones de verano.
Si bien la creencia y aceptación del dinero estuvo respaldada, hasta no hace muchas décadas, por lingotes de oro u otros metales valiosos, depositados en seguras bóvedas de bancos centrales. Hoy la masa monetaria o dinero circulante se mide en relación con la producción, o el conocido acrónimo de PIB (Producto Interno Bruto) que, para muchos, no pasa de ser un dato estadístico. Más etérea aun es la carencia de respaldo físico y legal que tiene el dinero virtual como el bitcoin. Igual, seguimos creyendo.
Yuval Noah Harari dice que el “dinero no es un objeto, es una creencia compartida”. Es la historia de éxito más universal jamás contada. No hay religión, imperio ni ideología que haya tenido tanta penetración geográfica y temporal. Ningún idioma ha sido tan global. Ningún dios ha sido aceptado por tantas culturas.
Este gran pacto silencioso permite que un desconocido acepte un trozo de papel impreso o una transferencia electrónica a cambio de su trabajo, de su tiempo o de su comida. No porque el papel o la transferencia tengan valor por sí mismas, sino porque todos fingimos —o decidimos— que lo tiene. Simplemente creemos.
Para qué comentar, al inició de este período de descanso, de cuánto dinero dispone el ciudadano para disfrutar en familia este período estival. O sus múltiples usos en el comercio, la vida doméstica y economía en general. O, por qué es un principio para el registro de las operaciones comerciales en contabilidad: “la moneda, común denominador del registro de las operaciones”.
Quizás mañana, con la velocidad del cambio tecnológico, la inteligencia artificial y el dinero virtual, parafraseemos a Wilde diciendo que cuando jóvenes creíamos que lo importante era “la plata”, y de viejos juraremos que lo esencial fue “el bitcoin”. Pasado mañana, ¿quién sabe?
Pero, sea cual sea su apariencia futura, seguirá siendo lo mismo: un relato que aceptamos para poder vivir juntos. Una ficción poderosa, útil y peligrosa, que se renueva y circula cada vez que compramos los alimentos, pagamos los gastos comunes o calculamos unas vacaciones. Así, el cajero recibe y acomoda el dinero, nadie dice nada.
Porque, al final, el dinero no gobierna el mundo por ser real, sino porque todos acordamos creer en él. Y en esa gran novela colectiva —escrita entre contadores, comerciantes, emperadores, programadores y ciudadanos comunes— seguimos pasando página, convencidos de que esta ficción, tan humana como la rueda o la palabra, seguirá sosteniendo nuestras vidas mientras decidamos que así sea.
La oferta literaria de verano —en verdad para todo tiempo—trajo a librerías el ameno y lucido libro del economista y escritor irlandés David McWilliams, titulado Dinero, la fuerza que mueve el mundo, de editorial Seix Barral. Allí hay historias y acontecimientos desde la Edad de Piedra hasta las criptomonedas, sobre esta ficción: el dinero.



